
Este artículo presenta algunas ideas sobre el papel de los instrumentos y criterios, factores esenciales en la evaluación del aprendizaje y en la evaluación de impactos, en programas de capacitación profesional. Sin embargo, esas evaluaciones no pueden ser efectuadas solamente empleando pruebas escritas. Como las tareas contextualizadas también son esenciales, los instrumentos y los criterios asumen una importancia vital y no deben ser vistos de manera aleatoria. Por otro lado, la intención de verificar la secuencia de una acción de formación, los impactos producidos en el profesional y en el ambiente de trabajo, exige algunas condiciones además de los instrumentos y criterios. Se debe pensar en el planteamiento de las acciones de formación, con la posibilidad del diálogo entre los participantes y los responsables de los recursos humanos. Esto exige una gran integración entre todos para situar la formación y la evaluación en el "corazón de las actividades" de las instituciones, como formas de perfeccionamiento de las características individuales y de la colectividad.
Atribuir valor, juzgar el aprendizaje y los impactos es una tarea delicada que fomenta la reflexión sobre el aspecto ético de la evaluación.
Una evaluación mal pensada, mal hecha, puede provocar muchos daños. Parece, entonces, necesario basar la evaluación no solo en procedimientos técnicos bien fundamentados, sino de alguna manera considerar la responsabilidad moral, la justicia, la no arbitrariedad. Por esto presenta como primera necesidad considerar la evaluación como un componente del programa de capacitación, como una pieza más del entramado del programa y no como un factor ajeno a él. Importante porque ella nos permite recoger información sobre si se están produciendo o no los productos e impactos deseados.
Es preciso también tomar en consideración que las soluciones técnicas, en materia de programas de capacitación, son siempre institucionales y sociales.
Por esto es fundamental reconocer los parámetros culturales de cada contexto y considerar que la evaluación es una instancia de aprendizaje para todos los actores sociales. Desde esta perspectiva la evaluación no debe entenderse como una cuestión de "todo" o "nada" sino que admite grados.
Se espera que este trabajo cumpla su papel de estimular la reflexión sobre cómo mejorar las prácticas de evaluación del aprendizaje en programas de formación, de tal modo que se adecuen los procedimientos metodológicos a la realidad. La inversión de la evaluación de programas de formación parece necesaria porque es un excelente medio de asegurar la transparencia de los objetivos, medir los resultados y mejorar los desempeños, no sólo de los participantes, sino de las instituciones. En paralelo con las funciones de control y toma de decisión, la evaluación posee aún otra finalidad: la de mejorar el ambiente de trabajo y producir, como consecuencia, efectos en la comunidad. El análisis de los resultados de evaluación es ocasión propicia para el diálogo entre los responsables de los programas y los responsables operacionales, en la medida en que son necesarias acciones administrativas para la observación de la realidad.
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